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Recepción · la hoja de ingreso ​

La vuelta al vehículo, antes de tocarlo. Es el papel que todo taller rellena y casi ninguno digitaliza, y el que separa «entró así» de «se lo rayaron aquí».

Por qué existe esta pantalla

Una discusión sobre un rayón que nadie anotó se pierde siempre: el cliente recuerda que no estaba y el taller recuerda que sí. La hoja firmada al ingreso es la única prueba, y por eso el sistema no deja cerrar la recepción sin ella.

El mostrador ​

La recepción no empieza en el taller: empieza en la puerta, y lo primero que se sabe de un coche es su placa. Por eso la pantalla no da por sabido nada del vehículo —ni marca, ni modelo, ni cliente—: pregunta la placa y contesta lo que el taller sabe de ella.

Entra un vehículo ​

Se teclea la placa —sin guion y en minúsculas vale, el sistema la ordena— y se busca:

  • La conoce. Enseña marca, modelo, año, color, propietario y el último odómetro. Sólo falta con qué viene.
  • No la conoce. No es un error: es un cliente nuevo. Se apuntan ahí mismo marca, modelo, año y color, y el cliente con su documento y su teléfono. Lo justo para abrir la orden; la ficha completa se afina después.

En ambos casos se anota con qué viene —con las palabras del cliente—, el odómetro y la prioridad, y al abrir la orden se entra directamente en la hoja.

Por qué el alta va aquí

Pedirle a un cliente que vuelva mañana porque su coche no está dado de alta no pasa en ningún taller. El momento en que el taller se entera de que existe ese vehículo es la recepción, así que es aquí donde se crea.

Citados para hoy ​

Los que dijeron que vendrían, por hora, con el retraso marcado cuando pasan más de quince minutos de la hora prometida. El botón Recibir abre la orden con el motivo de la cita y deja la cita como «llegó», que es lo que hace que desaparezca de la lista.

Quien ya está dentro no aparece aquí aunque tuviera cita: una cita cumplida deja de ser una espera.

Dentro sin hoja firmada ​

Los vehículos que están en el taller y todavía no tienen su hoja. No es una lista: es una deuda. Mientras no esté firmada, «entró así» no se puede demostrar.

La hoja ​

La vuelta al vehículo ​

El vehículo por sus tres vistas —costado izquierdo, vista superior y costado derecho—, una a la vez y grande, con un contador por vista para que no se olvide lo marcado en las otras. Se elige qué se va a marcar —como quien cambia de bolígrafo— y se toca sobre la pieza:

MarcaQué es
/Rayón
○Abolladura
✕Rotura
▨Óxido
—Falta la pieza

Cada marca pertenece a una pieza, no a un píxel

Este es el salto respecto de pinchar sobre un dibujo. La marca guarda la pieza con su nombre de taller además del punto exacto, así que un rayón deja de ser «algo por aquí» y pasa a ser «rayón en la puerta delantera izquierda». Es como se lo dices al cliente, como se presupuesta y —lo que más cuenta a final de mes— como se puede contar: cuántos vehículos entran con el paragolpes delantero tocado.

La nota va detrás de la marca, no delante: primero se señala el golpe y luego se describe, que es el orden en que se mira un coche. Debajo queda la lista numerada, cada una con su campo de detalle y su botón de quitar.

No hace falta apuntar con el ratón

Las zonas son áreas transparentes bajo el trazo, y son botones: el dibujo entero se recorre con el tabulador y Enter pone la marca en el centro de la pieza. Cada marca puesta se borra con Supr. Una tablet con guantes y un teclado tienen que poder hacer lo mismo.

Por qué el dibujo es nuestro

No hay librería mantenida que resuelva esto. Lo que hay son plantillas de pago de la era jQuery, pruebas de concepto abandonadas y SDK comerciales que atacan otro problema —detectar daños por IA a partir de fotos—. Dibujarlo aquí permite dos cosas que una plantilla no daría: que cada zona tenga nombre de taller, y que el trazo se lea igual en claro que en oscuro, que es donde acaba una tablet en una bahía. El costado se define una sola vez y se pinta dos, espejado, para que los dos lados no puedan desalinearse nunca.

Lo que se mide ​

  • Kilometraje de entrada. Es el único momento en que alguien mira el odómetro de verdad, así que lo que se anote aquí pasa a la ficha del vehículo. Nunca retrocede.
  • Combustible, en octavos. Se anota como lo marca la aguja, no en porcentaje, porque es lo que el cliente puede comprobar al volver.

La revisión ​

Doce puntos, agrupados en el orden en que se recorre el coche: primero lo que se ve desde fuera, después lo que hay que abrir, y al final lo de debajo del capó.

Cada punto tiene tres estados explícitos —conforme, con observación, no aplica— y ninguno viene marcado por defecto: sin revisar no es lo mismo que conforme, y una hoja que los confunde no vale nada.

Lo que se queda dentro ​

Gata, llanta de repuesto, triángulos, extintor, botiquín, herramientas, documentos, cargadores. Marcarlo evita la mitad de los líos de la entrega.

La conformidad ​

La firma del cliente, trazada con el dedo sobre la tablet. Sin firma no se puede cerrar la recepción: una hoja sin firmar no protege a nadie.

Qué pasa al cerrar ​

  • La orden guarda su hoja completa, con quién la hizo y cuándo.
  • El vehículo actualiza su kilometraje.
  • El vehículo desaparece de «dentro sin hoja firmada».

A partir de ahí el trabajo sigue su camino normal por Órdenes, con la diferencia de que ahora hay un documento detrás.

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